Jaguarundi

El jaguarundi (Herpailurus yagouaroundi) es un felino silvestre de pequeño tamaño originario de América, presente desde el norte de México hasta Argentina. Su aspecto lo distingue claramente del resto de los felinos neotropicales: su pelaje no tiene manchas ni rosetas, sino que se presenta en dos variantes de color, pardo rojizo o gris, y ambas pueden convivir en la misma región. Su cuerpo es alargado y muy próximo al suelo, con patas cortas y una cola de gran longitud que le da un cierto parecido con una nutria o una comadreja. Es uno de los pocos felinos verdaderamente diurnos, y caza aves, pequeños mamíferos, lagartijas, ranas e insectos en bosques, matorrales, pastizales y humedales. Aunque la UICN lo clasifica en preocupación menor, sufre la pérdida de hábitat y es perseguido por agricultores que lo consideran una amenaza para las aves de corral.
Hábitat y distribución
A lo largo de su distribución, el jaguarundi demuestra una notable capacidad para adaptarse a entornos muy distintos. Se le puede encontrar desde el extremo sur de Texas y el norte de México hasta el norte de Argentina, aunque ya no se considera presente en Uruguay. Este felino ocupa bosques, matorrales espinosos, pastizales y bordes de humedales, con preferencia por zonas de vegetación densa en el suelo que le ofrezcan cobertura. Tiende a evitar el bosque primario cerrado y se inclina más por la vegetación secundaria y los ecotonos forestales. La altitud tampoco le supone un obstáculo, ya que se han registrado individuos a varios miles de metros sobre el nivel del mar en los Andes. Sin embargo, la especie ha desaparecido de partes del suroeste de Estados Unidos.
Alimentación
Pocos depredadores de su tamaño son tan versátiles como el jaguarundi a la hora de conseguir alimento. Las aves representan una parte importante de su dieta, y este felino es lo suficientemente ágil para atraparlas en el suelo o sacarlas de la vegetación baja. También consume con frecuencia pequeños mamíferos como ratas y ratones, además de lagartijas, ranas e insectos de gran tamaño. Se han encontrado restos de fruta en análisis de contenido estomacal, lo que sugiere que recurre a materia vegetal cuando la presa animal escasea. La mayor parte de la caza tiene lugar a nivel del suelo, aunque los individuos pueden trepar a arbustos para perseguir presas. Al ser diurno, comparte algunos recursos con aves rapaces que frecuentan los mismos hábitats.

Comportamiento
Una de las características más llamativas del jaguarundi es su hábito de estar activo durante el día. Mientras que la mayoría de los felinos son nocturnos o crepusculares, esta especie realiza gran parte de su actividad en horas de luz, con picos registrados por la mañana y a última hora de la tarde. Es en gran medida solitario, y los individuos marcan sus áreas de campeo con olor y arañazos en los árboles. Las áreas de campeo de los machos son generalmente más extensas que las de las hembras y pueden solaparse con los territorios de varias de ellas. El jaguarundi es también inusualmente vocal para ser un felino, con un repertorio amplio que incluye chirridos, silbidos y ronroneos. Las crías son criadas en solitario por la madre, en camadas de uno a cuatro individuos tras una gestación de unos 70 días.

Aspecto
A primera vista, el jaguarundi se parece más a una comadreja grande o a una nutria que a un gato. Su cuerpo es alargado y muy pegado al suelo, sus patas son cortas en relación con el tronco y su cola es llamativamente larga, representando en ocasiones más de la mitad de la longitud total del animal. La cabeza es pequeña y aplanada, con orejas redondeadas y bien separadas entre sí. Quizá el rasgo más singular de su pelaje es la total ausencia de manchas o marcas de cualquier tipo. Existen dos formas de coloración: una de tonos rojizo-pardos cálidos y otra de gris a gris oscuro casi carbón. Ambas pueden convivir en la misma zona y no corresponden a subespecies distintas. Los adultos pesan por lo general entre tres y nueve kilogramos, lo que lo sitúa entre los felinos silvestres más pequeños de América.
Conservación
La UICN clasifica actualmente al jaguarundi como de Preocupación menor, lo que refleja su amplia distribución y su capacidad para tolerar hábitats alterados. Aun así, la especie no está exenta de presiones. La deforestación y la conversión de terrenos naturales para uso agrícola han reducido y fragmentado su hábitat en partes de América Central y del Sur. Los atropellos causan bajas en zonas donde el desarrollo ha avanzado sobre territorios antes silvestres. Algunos agricultores matan jaguarundis que sospechan se alimentan de sus gallinas, aunque las aves de corral representan solo una pequeña parte de su dieta. La especie cuenta con protección legal en la mayoría de los países donde habita y está incluida en el Apéndice II de la CITES. El seguimiento continuo de sus poblaciones es fundamental, ya que las tendencias en gran parte de su área de distribución siguen siendo poco conocidas.
Ficha técnica
Preguntas frecuentes
¿Qué come el yaguarundí?
El yaguarundí tiene una dieta muy variada. Las aves representan una parte importante de lo que consume, ya sea atrapándolas en el suelo o sacándolas de la vegetación baja. También caza pequeños mamíferos como ratas y ratones, lagartijas, ranas e insectos grandes. Cuando el alimento escasea, puede recurrir a la fruta. La mayoría de sus cacerías ocurren a nivel del suelo, aunque a veces trepa arbustos para perseguir a sus presas.
¿Dónde vive el yaguarundí?
El yaguarundí habita una gran extensión del continente americano, desde el norte de México y el extremo sur de Texas hasta el norte de Argentina. Se adapta a muchos tipos de ambientes: bosques, matorrales, pastizales y bordes de humedales. Prefiere zonas con vegetación densa a ras del suelo y suele frecuentar bordes de bosque y vegetación secundaria. También se ha registrado a grandes altitudes en los Andes.
¿El yaguarundí es diurno o nocturno?
A diferencia de la mayoría de los felinos, el yaguarundí es principalmente diurno. Realiza la mayor parte de su cacería durante el día, con los períodos de mayor actividad por la mañana y a última hora de la tarde. Esto lo hace bastante inusual entre los gatos salvajes, que en su mayoría prefieren cazar de noche o al amanecer. Por sus hábitos diurnos, a veces compite por presas con aves rapaces que habitan el mismo territorio.
¿Por qué el yaguarundí parece una comadreja?
El yaguarundí tiene una forma corporal que realmente recuerda a una comadreja o incluso a una nutria. Su cuerpo es largo y pegado al suelo, con patas cortas, una cabeza pequeña y aplanada con orejas redondeadas, y una cola muy larga. Su pelaje no tiene manchas ni marcas de ningún tipo, algo poco común en los felinos salvajes. Todo esto le da un aspecto muy diferente al de cualquier otro gato en el continente americano.
¿El yaguarundí está en peligro de extinción?
El yaguarundí figura actualmente en la categoría de Preocupación menor según la UICN, lo que significa que no se considera en riesgo de extinción. Su amplia distribución y su capacidad de adaptarse a hábitats alterados lo ayudan a mantenerse en muchas zonas. Sin embargo, enfrenta amenazas reales: la pérdida de hábitat por la deforestación, los atropellos en carretera y la persecución por parte de agricultores que temen por sus gallinas.
¿De qué colores puede ser un yaguarundí?
El yaguarundí presenta dos formas de coloración: un pardo rojizo cálido y un gris que puede llegar a ser casi negro carbón. Lo interesante es que ambas formas pueden encontrarse en la misma zona al mismo tiempo. No se trata de subespecies distintas, sino de variación natural dentro de la especie. En cualquier caso, el pelaje siempre es liso, sin manchas, rayas ni rosetones, lo que distingue a este gato de la mayoría de los felinos salvajes.
¿El yaguarundí emite sonidos?
Sí, y bastantes. El yaguarundí es considerado uno de los felinos salvajes con mayor variedad vocal. Produce una amplia gama de sonidos que incluyen chirridos, silbidos y ronroneos, mucho más variados de lo que se esperaría de un gato de su tamaño. Estos llamados les sirven para comunicarse entre individuos. Los científicos han registrado más de una docena de vocalizaciones distintas en esta especie, algo inusualmente alto para un felino pequeño.