Tuátara

La tuátara es el reptil más extraordinario de Nueva Zelanda y el único sobreviviente del orden Rhynchocephalia, un linaje que se remonta a más de 200 millones de años. Aunque se parece a un lagarto, pertenece a un grupo completamente diferente, sin parientes cercanos vivos. Habita madrigueras en islas libres de depredadores y en algunos santuarios continentales, donde sale de noche a cazar insectos, lombrices, caracoles, pequeños lagartos y, en ocasiones, polluelos de aves marinas. Es más activa a temperaturas que dejarían a la mayoría de los reptiles aletargados, funcionando bien con apenas 7 °C. Su crecimiento es muy lento, alcanza la madurez sexual entre los 10 y los 20 años, y puede vivir mucho más de 100 años. Dado que el sexo de las crías depende de la temperatura del nido, el aumento de temperaturas por el cambio climático amenaza con inclinar la población hacia los machos.
Importancia evolutiva
Pocos animales vivos cargan con el peso histórico de la tuátara. Es la única sobreviviente de los Rincocefálidos, un orden de reptiles que estuvo ampliamente distribuido por todo el planeta hace más de 200 millones de años, mucho antes de que los dinosaurios dominaran la Tierra. Mientras todos los demás miembros de ese linaje desaparecieron, la tuátara persistió con cambios notablemente escasos a lo largo de enormes períodos geológicos. Esto la convierte en una especie de fósil viviente, aunque los científicos prefieren llamarla reliquia viviente, ya que su biología es mucho más compleja y activa de lo que ese término sugiere. Estudiarla ofrece a los investigadores una ventana excepcional hacia la anatomía, la fisiología y la genética de un linaje de vertebrados antiquísimo, que se separó de los ancestros de los lagartos y las serpientes actuales hace unos 250 millones de años.
Hábitat y distribución
Las tuátaras habitaron alguna vez el territorio continental de Nueva Zelanda, pero la llegada de colonizadores polinesios y, más tarde, de colonos europeos introdujo ratas, armiños y otros depredadores que las eliminaron de la mayor parte de su distribución original. Hoy sobreviven en unas 35 islas costeras distribuidas a lo largo del litoral neozelandés, donde los depredadores introducidos han sido erradicados o nunca llegaron. Un pequeño número de santuarios en tierra firme, protegidos por cercas que impiden el ingreso de depredadores, también alberga poblaciones establecidas. En estas islas, las tuátaras prefieren los bosques costeros y los matorrales, donde excavan sus propias madrigueras o se apropian de las que construyen las aves marinas que anidan allí. La relación con estas aves resulta beneficiosa en ciertos aspectos: las aves fertilizan el suelo, lo que favorece el crecimiento de poblaciones de insectos de los que la tuátara se alimenta.
Alimentación
Al caer la noche, las tuátaras abandonan sus madrigueras y comienzan a buscar alimento por el suelo del bosque. Su dieta se basa principalmente en invertebrados como escarabajos, grillos, lombrices y caracoles, aunque también capturan pequeños lagartos cuando se presenta la oportunidad. En las islas compartidas con aves marinas que anidan, las tuátaras llegan a depredar huevos y polluelos, un comportamiento que sorprendió a los primeros investigadores pero que desde entonces ha sido bien documentado. Una característica destacada de su aparato bucal es una disposición dental única: una sola fila de dientes en la mandíbula inferior encaja entre dos filas en la mandíbula superior, lo que le permite cortar a sus presas con un movimiento de cizalla. A diferencia de los dientes de la mayoría de los reptiles, los de la tuátara no se renuevan al desgastarse, por lo que los ejemplares más viejos dependen más de presas de textura blanda.

Comportamiento
Lo que distingue a las tuátaras de casi todos los demás reptiles es su preferencia por las condiciones frías. Son más activas cuando la temperatura del aire se sitúa entre los 16 y los 21 °C aproximadamente, y pueden seguir funcionando a temperaturas tan bajas como 7 °C, un rango que dejaría a la mayoría de los reptiles demasiado aletargados para moverse. Durante el calor del día en verano, se refugian en sus madrigueras para evitar el sobrecalentamiento. Las tuátaras son también animales solitarios que defienden territorios, y se comunican mediante posturas corporales y una serie de despliegues visuales. Su crecimiento es extraordinariamente lento, y los individuos pueden tardar entre 10 y 20 años en alcanzar la madurez sexual. Una vez alcanzada, las hembras se reproducen apenas cada cuatro años aproximadamente. Con una esperanza de vida que puede superar los 100 años, una sola tuátara puede reproducirse menos de 20 veces a lo largo de toda su vida.
Conservación
Gracias a décadas de gestión activa, la situación de la tuátara ha mejorado considerablemente. La erradicación de ratas y otros depredadores introducidos en islas costeras ha sido la herramienta más eficaz a disposición de los conservacionistas, permitiendo que las poblaciones se recuperen y se reproduzcan sin las constantes pérdidas causadas por la depredación. Los programas de cría en cautiverio en varias instituciones neozelandesas han complementado estos esfuerzos, produciendo ejemplares que han sido liberados en islas restauradas. La tuátara figura actualmente como Preocupación menor en la Lista Roja de la UICN, lo que refleja estos avances. Aun así, el cambio climático representa un desafío continuo de gran magnitud. Dado que el sexo de las crías está determinado por la temperatura del nido durante la incubación, los veranos más cálidos ya están produciendo una mayor proporción de machos en algunas poblaciones. Si este desequilibrio persiste, la capacidad reproductiva de esas poblaciones a futuro podría verse gravemente comprometida.
Ficha técnica
Preguntas frecuentes
¿Es una tuátara un lagarto?
Aunque se parece mucho a un lagarto, la tuátara no lo es. Pertenece a un orden de reptiles completamente distinto llamado Rhynchocephalia, cuyos demás miembros se extinguieron hace mucho tiempo. Los lagartos y las serpientes están más emparentados entre sí que cualquiera de ellos con la tuátara, que lleva unos 250 millones de años en su propia rama evolutiva.
¿Dónde viven las tuátaras?
Las tuátaras solo se encuentran en Nueva Zelanda. Sobreviven principalmente en unas 35 islas costeras donde se han eliminado los depredadores introducidos, además de algunos santuarios en tierra firme protegidos con cercas especiales. Prefieren los bosques y matorrales costeros, y pasan gran parte del tiempo en madrigueras. Antes habitaban todo el territorio continental, pero la introducción de ratas y otras especies las eliminó de allí.
¿Qué comen las tuátaras?
Las tuátaras cazan de noche y se alimentan principalmente de escarabajos, grillos, gusanos y caracoles. También comen pequeños lagartos cuando tienen la oportunidad. En las islas que comparten con aves marinas, a veces se comen huevos y polluelos. Los individuos más viejos prefieren presas más blandas porque sus dientes se desgastan con el tiempo y nunca se reemplazan, lo que dificulta masticar alimentos más duros.
¿Cuánto tiempo viven las tuátaras?
Las tuátaras están entre los reptiles que más tiempo viven en todo el planeta, con individuos que superan con creces los 100 años. Su ritmo de vida es increíblemente lento: tardan entre 10 y 20 años en alcanzar la madurez sexual, y las hembras solo se reproducen cada cuatro años aproximadamente. Esto significa que una tuátara puede tener menos de 20 ciclos reproductivos a lo largo de toda su vida.
¿Por qué son importantes las tuátaras para la ciencia?
La tuátara es el único sobreviviente de un linaje de reptiles que ya era antiguo cuando los dinosaurios poblaban la Tierra. Estudiarla permite a los científicos observar de cerca la biología de un grupo que se separó de los ancestros de los lagartos y serpientes hace unos 250 millones de años. Su anatomía única, su fisiología tolerante al frío y su genética ancestral la convierten en uno de los vertebrados con mayor valor científico del mundo.
¿Están en peligro las tuátaras?
La tuátara figura actualmente como "Preocupación menor" en la lista de la UICN, lo que representa un verdadero éxito de conservación. Décadas de erradicación de depredadores en islas y programas de cría en cautividad han permitido recuperar las poblaciones. Sin embargo, el cambio climático es una amenaza creciente. Como la temperatura del nido determina el sexo de las crías, los veranos más cálidos están produciendo más machos que hembras en algunas poblaciones.
¿Cómo se mantienen activas las tuátaras con el frío?
A diferencia de la mayoría de los reptiles, que necesitan calor para moverse con normalidad, las tuátaras están adaptadas al frío. Son más activas con temperaturas de entre 16 y 21 °C aproximadamente, y pueden seguir funcionando con temperaturas de hasta 7 °C. En los días calurosos del verano, se refugian en sus madrigueras para no sobrecalentarse. Esta tolerancia al frío es una de las muchas características que hacen de la tuátara un reptil completamente único.