Tortuga gigante de Galápagos

La tortuga gigante de Galápagos es la tortuga terrestre más grande que existe y el animal que les dio nombre a las islas Galápagos: galápago es una antigua palabra española para tortuga. Los machos grandes pueden pesar bastante más de 200 kilos y tener un caparazón de hasta unos 1,5 metros de largo, mientras que las hembras son mucho más chicas. No es un solo animal sino un grupo de alrededor de una docena de especies vivas del género Chelonoidis, cada una de su propia isla o volcán del archipiélago, que pertenece a Ecuador y está a unos 1.000 kilómetros de la costa de América del Sur. En las islas altas y húmedas las tortugas tienen caparazones grandes y redondeados, llamados de domo, mientras que en las islas bajas y secas tienen caparazones de montura, que se levantan adelante para que puedan estirar el cuello largo y alcanzar las pencas de los cactus y los arbustos. Son herbívoras lentas y pacíficas que comen pastos, hojas, frutos y tunas, pasan horas descansando en charcas de barro y pueden estar meses sin comer ni beber. Esa capacidad casi las hace desaparecer: entre los siglos diecisiete y diecinueve, piratas y balleneros se llevaron más de 100.000 tortugas como comida viva para sus barcos, y después las cabras, las ratas, los cerdos y otros animales llevados por las personas se comieron su alimento, sus huevos y sus crías. Charles Darwin las estudió en 1835, y el Solitario George, la última tortuga de la isla Pinta, que murió en 2012, se volvió un símbolo mundial de la extinción. Gracias a décadas de cría y a la eliminación de animales invasores, varias especies hoy se están recuperando. La UICN clasifica a las especies vivas entre Vulnerable y En peligro crítico, y dos de ellas están extintas.
Tortuga gigante de Galápagos: nombre y origen
Las islas Galápagos llevan el nombre de sus tortugas. Cuando los navegantes españoles llegaron por primera vez a las islas, en 1535, las encontraron llenas de tortugas enormes, y galápago era una antigua palabra española para tortuga, quizás porque el caparazón de algunas se parecía a una montura de caballo. En inglés el animal se llama Galápagos tortoise o Galápagos giant tortoise, y en Ecuador la gente muchas veces la llama simplemente galápago. Los antepasados de estas tortugas vinieron de América del Sur continental. Los estudios genéticos muestran que su pariente vivo más cercano es la tortuga terrestre chaqueña, mucho más chica, de Argentina, Paraguay y Bolivia. Hace entre dos y tres millones de años, una o unas pocas tortugas probablemente fueron arrastradas al mar por las corrientes, quizás sobre vegetación flotante, y derivaron unos 1.000 kilómetros hasta llegar a las islas. Las tortugas pueden flotar con la cabeza afuera del agua y sobrevivir semanas sin comida ni agua, así que el viaje era posible. Una vez allí, se fueron extendiendo de isla en isla, y cada población cambió con el tiempo para adaptarse a su propia isla. Por eso las tortugas de Galápagos se volvieron un ejemplo famoso de la evolución. Cuando Charles Darwin visitó las islas en 1835, a bordo del Beagle, el vicegobernador le contó que podía saber de qué isla venía una tortuga con solo mirar su caparazón. Al principio Darwin no se dio cuenta de la importancia de ese comentario, pero las tortugas, junto con los pinzones y los sinsontes, más tarde lo ayudaron a desarrollar su teoría de la selección natural.
Especies de tortuga gigante de Galápagos
Durante mucho tiempo la tortuga gigante de Galápagos se consideró una sola especie con varias subespecies, bajo el nombre Chelonoidis niger. Hoy la mayoría de los científicos trata a cada población de isla como una especie propia, y alrededor de una docena siguen vivas, aunque la cuenta exacta depende de cómo se las clasifique. La gran isla Isabela tiene cinco, una en cada uno de sus grandes volcanes: la tortuga del volcán Wolf, la del volcán Darwin, la de Alcedo, que es la población más grande de todas, la de Sierra Negra y la de Cerro Azul. Santa Cruz tiene dos: la tortuga del oeste de Santa Cruz, Chelonoidis porteri, la gigante de domo que ven la mayoría de los visitantes, y la tortuga del este de Santa Cruz, Chelonoidis donfaustoi, que recién se describió en 2015 después de que estudios genéticos mostraran que era distinta. San Cristóbal, Santiago, Pinzón y Española tienen cada una su propia especie. La más misteriosa es la tortuga gigante de Fernandina, Chelonoidis phantasticus. Se la conocía por un solo macho recolectado en 1906 y se la creía extinta, hasta que una expedición de guardaparques encontró una hembra vieja, llamada Fernanda, en la isla Fernandina en 2019; en 2022, los estudios genéticos confirmaron que pertenecía a la misma especie. Otras especies no tuvieron tanta suerte. La tortuga de la isla Pinta desapareció con el Solitario George en 2012, la tortuga de Floreana se extinguió en el siglo diecinueve, y las tortugas de Santa Fe y Rábida solo se conocen por sus huesos. La UICN clasifica a las especies vivas entre Vulnerable y En peligro crítico.
Tamaño y formas del caparazón de la tortuga gigante de Galápagos
La tortuga gigante de Galápagos es la tortuga terrestre más grande que existe hoy, un poco por delante de la tortuga gigante de Aldabra, del océano Índico. Los machos grandes suelen pesar unos 200 a 300 kilos, y los más grandes superaron los 400 kilos, sobre todo en cautiverio. Su caparazón puede llegar a medir unos 1,5 metros de largo, y cuando un macho grande estira las patas y el cuello, su cabeza puede quedar a más de un metro del suelo. Las hembras son mucho más chicas, muchas veces con cerca de la mitad del peso de los machos, y el tamaño de las tortugas también cambia mucho de una isla a otra. El caparazón está formado por placas de hueso cubiertas por grandes escamas, llamadas escudos, y suele ser gris oscuro, marrón o casi negro. Las patas son gruesas y con forma de columna, como patas de elefante pequeñas, y están cubiertas de escamas duras, y la cabeza y el cuello largo tienen la piel suelta y arrugada. La diferencia más famosa entre las especies es la forma del caparazón. En las islas altas y húmedas, como Santa Cruz y los grandes volcanes de Isabela, donde el pasto y las plantas bajas son fáciles de alcanzar, las tortugas son grandes y tienen caparazones redondeados, de domo. En las islas bajas y secas, como Española y Pinta, la comida escasea y muchas veces está más alta, en cactus y arbustos, y las tortugas son más chicas y tienen caparazones de montura, que se curvan hacia arriba sobre el cuello como una montura. Esa abertura les permite estirar el cuello y las patas hacia arriba para alcanzar la comida, y los machos además levantan la cabeza lo más alto que pueden cuando compiten. Algunas especies tienen caparazones intermedios entre las dos formas.
Hábitat y migración de la tortuga gigante de Galápagos
Las tortugas gigantes de Galápagos viven solo en las islas Galápagos, un grupo de islas volcánicas de Ecuador que están sobre la línea del ecuador en el océano Pacífico, a unos 1.000 kilómetros al oeste del continente. Hoy hay tortugas en libertad en Santa Cruz, Isabela, San Cristóbal, Santiago, Pinzón, Española y Fernandina, y se liberaron tortugas jóvenes en Santa Fe y, desde 2026, en Floreana. Su hábitat va desde las tierras bajas secas cerca de la costa, cubiertas de cactus, arbustos espinosos y lava desnuda, hasta las tierras altas húmedas, donde la neblina mantiene verdes el pasto y los bosques gran parte del año. Muchas tortugas usan los dos. En Santa Cruz, estudios con rastreadores GPS mostraron que los adultos grandes hacen una migración anual. Durante la temporada fresca y seca, cuando las tierras bajas están marrones, suben a las tierras altas, donde la neblina llamada garúa mantiene las plantas creciendo. Cuando llega la temporada cálida y lluviosa, alrededor de enero, vuelven a bajar a las tierras bajas, donde brotan plantas nuevas y las hembras ponen sus huevos. Un viaje puede abarcar hasta unos 10 kilómetros y durar dos o tres semanas, muchas veces por los mismos senderos año tras año. Hoy muchos de esos senderos cruzan fincas y caminos, lo que pone a las tortugas en contacto con las personas. En las horas de más calor, las tortugas descansan a la sombra o se echan en charcas de barro y lagunas, que las mantienen frescas y ayudan a protegerlas de los mosquitos y las garrapatas. De noche duermen en huecos poco profundos o bajo los arbustos.
Dieta de la tortuga gigante de Galápagos
Las tortugas gigantes de Galápagos son herbívoras. Comen pastos, hojas, enredaderas, flores, frutos, líquenes y bayas, y en las islas secas uno de sus alimentos más importantes es el cactus de tuna, cuyas pencas carnosas y frutos les dan comida y agua a la vez. Se tragan las espinas del cactus junto con las pencas, al parecer sin hacerse daño. También comen el fruto del manzanillo, un árbol tóxico para las personas, y muchas plantas introducidas, como la guayaba y la maracuyá, que se extendieron por las tierras de cultivo de las zonas altas. Un adulto puede comer una gran cantidad de plantas en un día y después pasar largos períodos sin comer nada. Las tortugas tienen un metabolismo lento y pueden guardar agua en el cuerpo, así que sobreviven muchos meses sin comida ni agua, y algunas fuentes dicen que hasta un año. Eso es justamente lo que las hacía tan valiosas para los marineros. Piratas y balleneros apilaban tortugas vivas en las bodegas de sus barcos, donde seguían vivas durante meses y daban carne fresca en los viajes largos. Cuando encuentran agua, las tortugas beben mucho. Se juntan en charcas de lluvia y lagunas de las tierras altas, meten la cabeza bajo la superficie y beben durante largo rato. Las tortugas también cumplen un papel muy importante en sus islas. Dispersan las semillas de muchas plantas con sus excrementos, muchas veces lejos de la planta madre, y al comer y pisotear la vegetación mantienen despejadas las zonas abiertas. Los científicos las llaman ingenieras del ecosistema, y su regreso a islas como Española y Floreana está ayudando a recuperar la vegetación original.

Esperanza de vida y reproducción de la tortuga gigante de Galápagos
Las tortugas gigantes de Galápagos están entre los vertebrados más longevos. En libertad suelen vivir más de 100 años, y en cautiverio algunas vivieron bastante más. Una tortuga llamada Harriet, del Australia Zoo, tenía según se cree unos 175 años cuando murió en 2006, aunque su edad exacta nunca se confirmó. Crecen muy despacio y no empiezan a reproducirse hasta los 20 a 25 años. El apareamiento puede ocurrir en cualquier época del año, pero es más común en la temporada cálida y lluviosa. Los machos compiten poniéndose frente a frente y estirando el cuello lo más alto que pueden; el que queda más alto suele ganar sin pelear. Un macho que se aparea lanza gruñidos fuertes y graves que se escuchan desde lejos. Entre más o menos junio y diciembre, las hembras bajan a zonas secas y arenosas de las tierras bajas. Cada hembra cava un pozo con las patas traseras, humedece la tierra con orina para que sea más fácil cavar, pone de unos 2 a 16 huevos redondos y duros, y los cubre con un tapón de barro que se endurece al sol. Puede hacer varios nidos en una misma temporada. Los huevos tardan unos cuatro a ocho meses en eclosionar, y la temperatura del nido decide el sexo de las crías: los nidos más cálidos producen sobre todo hembras y los más frescos sobre todo machos. Las crías pesan apenas unos 50 a 80 gramos y tienen que cavar para salir, lo que puede llevarles semanas. No reciben ningún cuidado de sus padres y pasan sus primeros años escondidas en las tierras bajas, donde son presa fácil de las ratas, los gatos y los cerdos introducidos.
El Solitario George y la tortuga de la isla Pinta
El Solitario George fue la tortuga más famosa del mundo. Pinta, una isla pequeña del norte del archipiélago, tenía su propia especie de montura, la tortuga de la isla Pinta, Chelonoidis abingdonii. Los balleneros se llevaron a la mayoría en el siglo diecinueve, y las cabras liberadas en la isla en 1959 se comieron casi todas las plantas, así que durante décadas se creyó que la especie estaba extinta. Hasta que en 1971 un científico que estudiaba caracoles vio un solo macho en Pinta. Lo llevaron a la Estación Científica Charles Darwin, en Santa Cruz, en 1972, y lo llamaron Solitario George, Lonesome George en inglés, porque parecía ser el último de su especie. Durante 40 años, los científicos buscaron en Pinta y en zoológicos de todo el mundo una hembra de su especie, sin éxito. Lo pusieron con hembras de especies muy cercanas del volcán Wolf y de Española, y dos de ellas pusieron huevos, pero ninguno eclosionó. George murió el 24 de junio de 2012, probablemente con más de 100 años, y con él se extinguió la tortuga de la isla Pinta. Su cuerpo fue preservado por taxidermistas en Nueva York y desde 2017 se exhibe en la estación científica de Puerto Ayora, donde vivió. Su historia no terminó del todo. En el volcán Wolf, al norte de Isabela, los científicos encontraron tortugas con parte de ascendencia de Pinta, descendientes de animales que los marineros llevaron o dejaron allí, y algunas forman parte de programas de cría que esperan devolver tortugas con genes de Pinta a la isla.
Población y conservación de la tortuga gigante de Galápagos
Antes de la llegada de las personas, las islas Galápagos probablemente tenían más de 200.000 tortugas gigantes. Desde fines del siglo diecisiete, piratas, balleneros y cazadores de lobos marinos se las llevaron de a miles como comida viva, y los diarios de a bordo indican que solo en el siglo diecinueve se sacaron bastante más de 100.000. Después, los colonos las cazaron por su carne y su aceite, y los animales que llevaron hicieron todavía más daño. Las cabras y los burros se comieron las plantas que las tortugas necesitaban, mientras que las ratas, los cerdos, los perros, los gatos y las hormigas de fuego se comían sus huevos y sus crías. Para la década de 1970 quedaban solo unas 15.000 tortugas, y varias especies estaban reducidas a unos pocos animales. La recuperación empezó en 1959, cuando Ecuador creó el Parque Nacional Galápagos, y poco después abrió la Estación Científica Charles Darwin. Los guardaparques recolectaron huevos y crías en la naturaleza, los criaron en centros de crianza hasta que fueran lo bastante grandes para sobrevivir y los liberaron en sus islas de origen, mientras grandes proyectos eliminaban cabras, cerdos y ratas de varias islas. El éxito más conocido es Española. Su especie quedó reducida a solo 14 adultos, 12 hembras y 2 machos, que se llevaron a cautiverio en las décadas de 1960 y 1970, y en 1976 se sumó un tercer macho, Diego, del zoológico de San Diego. El programa liberó más de 2.000 tortugas jóvenes, y hoy la población se reproduce sola. En febrero de 2026 se liberaron en Floreana 158 tortugas jóvenes con ascendencia de Floreana, criadas a partir de animales encontrados en el volcán Wolf. Las estimaciones recientes hablan de unas 25.000 tortugas en total. La caza ilegal, los animales invasores, los caminos y el cambio climático siguen siendo amenazas.
Dónde ver tortugas gigantes de Galápagos
El lugar más fácil para ver tortugas gigantes de Galápagos en libertad son las tierras altas de Santa Cruz, la isla más visitada. Fincas privadas como El Chato y el Rancho Primicias, a poca distancia en auto de Puerto Ayora, tienen senderos y lagunas donde grandes tortugas de domo pastan y se revuelcan en el barro, sobre todo en la temporada seca, cuando suben desde las tierras bajas. En el mismo Puerto Ayora, el Centro de Crianza Fausto Llerena, en la Estación Científica Charles Darwin, muestra tortugas jóvenes de varias especies y conserva el cuerpo del Solitario George. Isabela tiene el Centro de Crianza Arnaldo Tupiza, cerca de Puerto Villamil, y San Cristóbal tiene La Galapaguera de Cerro Colorado, un gran recinto donde las tortugas de esa isla viven entre vegetación natural. En los viajes en barco a veces se pueden ver tortugas en Española y en la bahía Urbina, en Isabela. Las reglas son estrictas: los visitantes deben quedarse a por lo menos dos metros de las tortugas, nunca tocarlas ni darles de comer, y no salir de los senderos marcados. Las tortugas cruzan seguido los caminos de las tierras altas de Santa Cruz, y se pide a los conductores que bajen la velocidad, ya que varias fueron atropelladas por vehículos. Fuera de las islas, muchos zoológicos tienen tortugas de Galápagos como parte de programas de cría y educación. El comercio de la especie está estrictamente controlado por las leyes internacionales, y sacar una tortuga o sus huevos de las islas es un delito en Ecuador.


















